Tersita Orozco: bosquejo biográfico
Comienzos
Teresita Orozco Marsden, bailarina, coreógrafa y maestra de ballet, comenzó sus estudios con la maestra Grace Lindo Quesada. Continuó su formación en el Ballet Pro-Arte (1944-1948) con Margarita Bertheau, al lado de los bailarines principales Frank Iglesias y Gloria Gerli. El Ballet Pro-Arte tuvo su sala de trabajo en el antiguo anexo del Teatro Nacional (actual Plaza de la Cultura). Esta agrupación tenía entre sus objetivos la organización de un cuerpo de baile profesional, además de fomentar conciertos, exposiciones, conferencias y todo tipo de actividades relacionadas con el arte, permitiéndoles a sus estudiantes un contacto con los artistas destacados de la época . El Ballet Pro-Arte Musical dio becas a los mejores estudiantes y bautizó su galería de exposiciones con el nombre de Max Jiménez Huete, en homenaje póstumo al artista nacional.
En 1945, Margarita Bertheau montó Pigmalión, ballet al que también le diseñó los decorados y los trajes. En esta ocasión las solistas fueron Nidia Naranjo, Leticia Alfaro, Annie Manley, Teresita Orozco y María López, acompañadas por el resto del elenco, Además se presentó el grupo de ballet de Grace Lindo, que interpretó Festival Griego. Al año siguiente el maestro ruso Nikolai Yavorsky montó el ballet Snegoruska.
De la primera generación de bailarines costarricenses surgidos del Ballet Pro-Arte, agrupación encabezada por la artista Margarita Bertheau , algunos, además de Teresita Orozco, figuraron en el exterior como intérpretes de calidad. Nydia Naranjo participó en el Ballet de Antonio, en Madrid, como primera bailarina, y también trabajó en el Royal Albert Hall, en Londres y en París. Julián Calderón, quien tomó sus primeras clases de técnica en Pro-Arte, triunfó como solista del Ballet del Marqués de Cuevas en París y se destacó como solista de Ballet del Teatro de la Opera de Berlín. Además, Calderón realizó múltiples trabajos en Venezuela, Cuba, Perú y Nueva York.
Muchos proyectos del Ballet Pro-Arte se truncaron por los acontecimientos políticos de 1948 y desgraciadamente para la danza, después de la Guerra Civil Margarita Bertheau decidió volcarse por entero a la pintura.
Teresita Orozco reconoce que esa época fue determinante para su formación artística, y señala, con nostalgia, que la desaparición del Ballet Pro-Arte fue la principal razón de su partida para Europa en los cincuentas, ya que no encontraba en la capital josefina un lugar que llenara sus necesidades formativas. El grupo de jóvenes bailarinas que formaron Grace Lindo y Margarita Bertheau quedó sin una escuela que las educara de manera integral.
“El Ballet Pro Arte –recuerda Orozco-,era un sitio que nos permitió tener contacto con los artistas de “vanguardia”,como Max Jiménez, quien compartía su colección de arte con el ballet, la cual contenía obras de Modigliani, Picasso y otros pintores de la época. Pro-Arte fue un lugar de aprendizaje; ahí conocimos a José Basileo Acuña, Francisco Amighetti, Olga Espinac, Yolanda Oreamuno, Eunice Odio; en fin, a toda esa generación que estaba inmersa en el quehacer cultural, ya que en esos tiempos todos se interesaban por la formación interdisciplinaria. Existía un ambiente de cooperación , acompañado por un deseo de adquirir conocimiento a trasvés de la experiencia de los compañeros “.
Al ver los murales que realizó Margarita Bertheau, ubicados en la antigua La Dama Elegante, en su segundo piso, se pueden señalar varios aspectos interesantes:
1) El deseo de aprendizaje y el carácter exploratorio de Bertheau,(ya que Francisco Amighetti comparte con ella lo aprendido con el maestro Kantú sobre la técnica de mural al fresco en México).
2) Yolanda Oreamuno fue la modelo del mural sobre la danza plasmado en una de las paredes.
3) Se aprecia una influencia iconográfica de Max Jiménez sobre Bertheau,especialmente en la figura femenina que está saliendo del agua, en el otro mural.
Estos detalles, muestran que en esta época se compartía el conocimiento adquirido para un crecimiento artístico común. Por lo tanto, la separación de Margarita Bertheau del Ballet Pro-Arte, debido a presiones del gobierno de José Figueres Ferrer, interrumpió un ambiente creativo e interdisciplinario que no se volvió a repetir en los años siguientes.
El Ballet Nacional
El panorama de la actividad dancística en Costa Rica después de la clausura del Ballet Pro-Arte en 1948, no registra logros importantes: El interés por la danza se mantuvo de parte de algunas ex-alumnas de Bertheau o las discípulas de la desaparecida Margarita Esquivel (1921-1945) incluso haciendo trabajos coreográficos.
Las integrantes del Ballet Pro-Arte trabajaron en el estudio de Grace Lindo, montaron coreografías y crearon el grupo Ballet Nacional, nombre con que presentaron en el Teatro Nacional en 1952, bajo la batuta del maestro Arnoldo Herrera y músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional. Entre las bailarinas de este programa figuraron Nydia Naranjo,Teresita Orozco, Mireya barboza,Elga Baroni y Annie Manley. La dirección artística fue de Carlos Matías Sáenz y Enrique Góngora quien se encargó del apoyo técnico-musical.
A Inglaterra: nuevos horizontes
En 1953, Grace Lindo financió el viaje y también los estudios de Teresita Orozco y nidia Naranjo en Londres, gracias al interés que tenía de que jóvenes con talento para la danza continuaran su formación profesional. Un año más tarde, a estas jóvenes se les uniría Annie Manley. Teresita Orozco, quien actualmente es profesora de ballet en la Universidad de Chichester en Inglaterra, estudió en Londres con Katleen Cropton, miembro de la compañía de Ana Pavlova, y también trabajo repertorio del ballet con Tamara Karsavina. Además, bailó en el London Festival, bajo la dirección de Anton Dolín. Después de casarse, inició su carrera como maestra de ballet de la Real Academia de Inglaterra.
En opinión de Teresita:
¿Porqué no se dio en Costa Rica una agrupación nacional de ballet profesional como si se da en la danza moderna?
-En los años cincuenta no se tenían maestros que pudieran continuar con la formación de las bailarinas. Además, no hubo ningún apoyo institucional hacia la danza o el ballet. La única persona que de alguna manera apoyó la danza fue Grace Lindo al becar a niñas con talento y de escasos recursos. Por otro lado, la danza moderna planteó problemáticas de actualidad que interesaron al público nacional.
¿Cómo se ve el desarrollo de la danza nacional en la actualidad?
-Está bien, encuentro entusiasmo, condiciones, mucho talento, buenos maestros, instituciones que apoyan a los bailarines. La educación es amplia. Pero para el futuro se necesita más apoyo para consolidar lo logrado hasta ahora. Lo que he visto, especialmente en el ballet clásico, va por buen rumbo. Se debe tener sentido de la proporción para consolidar el desarrollo de los jóvenes bailarines.
Historia de la Danza en Costa Rica
Núm. 1
Adrrián Figueroa
Danzatica.com
“La madurez que presenta la danza escénica contemporánea costarricense no es producto de la casualidad. La danza en Costa Rica ha sido una manifestación típica del siglo veinte y es el resultado de un proceso muy interesante…..El desarrollo de la danza costarricense ha sido atípico si se compara con muchos países latinoamericanos donde la aparición de la danza moderna o contemporánea ha estado supeditada al ballet. En nuestro caso, la danza se consolidó por sí sola, sin necesidad de independizarse de la sombra del arte clásico.”
Con estas palabras incluidas en el libro “Imágenes Efímeras, 10 años bailados en Costa Rica”, de la historiadora de la danza en Costa Rica MA. Marta Avila Aguilar, inicia el primero de una serie de artículos que DANZATICA.COM quiere ofrecer a través del aporte de la misma, a la comunidad y al público de la danza en nuestro país.
Esto con el fin de que se cree conciencia cada vez más respecto al valor de la danza como arte y como herramienta para el desarrollo social, además de ser una ventana desde el pasado hacia el futuro para que las generaciones nuevas de bailarines, reconozcan el valor del esfuerzo que hicierón muchas personas, grandes bailarines y bailarinas, maestros y maestras, coreografos y coreografas, para que la danza en Costa Rica hoy en día sea utilizada no solo como una forma de expresión del arte, si no que además sensibilice a las personas del aporte que hace en el ambito del desarrolo social, cultural, medicinal, educativo, entre otros.
Comencemos hablando un poco de la autora de nuestros siguientes artículos:
Marta Ávila. Es Licenciada en Historia del Arte (1992) y Master en Artes (2000) por la Universidad de Costa Rica. Es candidata a doctora en el Doctorado Interdisciplinario en Letras y Artes en América Central, en la Universidad Nacional. Así como, autora de diversos artículos y ensayos y libros sobre la historia de la danza escénica en Costa Rica.
Reconocida bailarina de Danza Universitaria en la década de los ochenta, profesora y ex directora de la Escuela de Danza de la Universidad Nacional, catedrática y coordinadora del Proyecto de Investigación de la Danza Escénica en Costa Rica de la Universidad Nacional. Crítica de danza del periódico La Nación y ensayista de la revista Escena de la Universidad de Costa Rica,
Según Rocío Fernández de Ulibarri, Marta Ávila en su nuevo compendio investigativo, mide los pasos de una década que ella diagnostica como vulnerable.
Imágenes efímeras. 10 años bailados en Costa Rica (1993-2004), su sexta obra, es un ensayo sintético, dirigido a un lector que rápidamente se pone al día sobre el quehacer de la danza.
El texto es más descriptivo que analítico, más fáctico que interpretativo. Sin embargo, un caudal de observaciones reflexivas discurre a lo largo del libro.
Al inicio, la autora repasa brevemente los orígenes de la danza en el país en los primeros cincuenta años del siglo XX, luego describe de manera puntual los hechos que originan la formación de profesionales de la danza en la siguiente mitad del siglo pasado: la apertura de Conservatorio Castella (1953), la Escuela de Danza Contemporánea (1970), la Escuela de Danza de la Universidad Nacional (1974), el Ballet Moderno de Cámara y DanzaCor (1975), Danza Universitaria (1978), Compañía Nacional de Danza (1979), el Taller Nacional de Danza (1980), Danza UNA (1981) y el Festival de Jóvenes Coreógrafos (1981), además de Grupos Independientes, el Ballet Clásico e Invitados Internacionales.
Artículo 1.
Premios en la danza escénica costarricense
Los premios desde la oficialidad llegan en los noventa.
La premiación y el reconocimiento para el arte en Costa Rica ha sido disímil en cada disciplina o campo. Por ejemplo, las artes plásticas tuvieron salones anuales desde principios del siglo pasado. Para el cine, se comienza a reconocer el talento de la producción audiovisual desde que arranca la Muestra de Cine y Video en 1992, y aún en 2004, no se incluye la producción audiovisual en los premios nacionales.
Por otro lado, la distinción más importante en la cultura costarricense, el premio Magón, otorgado desde 1964, ha sido dado a escritores, compositores, músicos, poetas, maestras, científicos y otros trabajadores de la cultura sin que hasta la fecha lo haya recibido ningún trabajador de la danza. No obstante, en otros espacios se comenzó a reconocer la labor de la danza.
Efímero como la danza
Meteóricamente el Teatro Nacional otorgó un reconocimiento a los esfuerzos de los grupos, coreógrafos y bailarines a finales de la década del setenta, por iniciativa de Graciela Moreno, quien mantuvo el Premio Teatro Nacional entre 1977 y 1981. Además, en 1989, en memoria del bailarín y maestro norteamericano, Tim Wengerd, esta institución, entregó el premio a la mejor creación coreográfica, que recayó en la obra 40 veces un año, de Rogelio López, interpretada por Danza Universitaria.
Es hasta 1992 que llegaron los reconocimientos a la danza desde el ámbito oficial, cuando el Ministerio de Cultura, incluyó en la premiación anual a los bailarines, coreógrafos y grupos. Ahora, con más de una década de premiación, encontramos a muchos bailarines, grupos y coreógrafos que comienzan a acumular varios premios nacionales por sus labores.
Por su parte, el sector privado, ha dado desde mediados del siglo pasado, premiaciones en ciertos eventos como bienales de artes plásticas cuyo financiamiento ha dependido de diferentes empresas, por ejemplo Lachner y Sáenz, en pintura o la Cervecería Costa Rica en la escultura. El periódico La Nación, a través del suplemento cultural Ancora, ha premiado bienalmente las letras, las artes plásticas y las escénicas (danza, teatro y música) por más de veinticinco años. El reconocimiento de Ancora no tiene contenido económico, pero se le atribuye un fuerte peso en el medio cultural. A los trabajadores de danza se les otorga esta premiación desde 1984 y su criterio ha sido el de reconocer una trayectoria más que una obra específica.
Si desea ver la lista histórica de premios, haga click aquí.
Si desean contactar a la autora pueden escribir a: mavila@una.ac.cr